¿Sólo nueve formas de ser?

Es común escuchar que “el Eneagrama describe nueve personalidades, nueve formas de pensar, sentir y actuar”. Inclusive así aparece plasmado en muchos libros, haciendo referencia a los nueve eneatipos (o esencias) posibles que puede tener una persona.

A nuestro entender, esta expresión es incorrecta. Cada persona, a cada instante y ante cada rol que desempeña, opta por diferentes maneras de pensar, sentir y actuar. Generalmente es una forma automática que surge para ajustarse a tal situación o rol.

Inclusive, entre ese sentir, pensar y actuar puede existir coherencia o no. Todo depende de la conciencia de la persona en ese momento determinado.

Si bien nuestras acciones y reacciones muchas veces parten de nuestra esencia, nadie es “esencia pura”. Por eso, tener conocimientos en Eneagrama no nos habilita a “etiquetar” a las personas bajo un número.

El Eneagrama no es un destino, una identificación automática, sino una herramienta para acompañar el proceso constante de autodescubrimiento. Este es un trabajo que sólo uno puede hacer por sí mismo.

Todos tenemos una personalidad compleja. Es una combinación de energías que en el Eneagrama identificamos como nueve atributos. ¿Cambia con el tiempo el porcentaje que tenemos en cada atributo? ¡Claro que sí! Nuestra personalidad se encuentra en constante movimiento y cambio.

Entonces podemos afirmar que en nuestra vida no tenemos una única manera de sentir, pensar y actuar que se atribuya a nuestra esencia.

¿Cuántos sabores tiene la vida?

Para explicarlo metafóricamente, podríamos decir que cada persona es una ensalada de frutas. La esencia es una de esas frutas y las otras son los ocho atributos que completan la personalidad.

Siguiendo la imagen ilustrativa, Laura es frutilla y Orlando, mandarina. Si bien la frutilla le da el gusto predominante a la vida de Laura y la mandarina a la de Orlando, en distintos momentos las cucharadas pueden tener más gusto a damasco o a cereza. O el gusto de alguna combinación, por ejemplo de pomelo, frambuesa y ciruela, o bien naranja y durazno…

A su vez esas frutas pueden estar maduras (en luz), verdes (en sombra) o pasadas (alteradas). Por eso pueden resultar en ser un postre jugoso o seco, gustoso, insípido o hasta desagradable (diferentes niveles de conciencia).

Cuanta más variedad de frutas (de atributos) incorporemos en forma positiva a nuestra ensalada (nuestra personalidad), más cualidades y riqueza tendremos.

El Eneagrama nos ayuda a reconocer cómo elegir el punto adecuado de nuestra fruta esencial, en cada momento y para cada situación. Desde allí, también elegiremos las demás frutas de la personalidad, sus combinaciones y proporciones más convenientes.

¿El objetivo? Lograr un mejor sabor (sabiduría) y ser más nutritivos para quienes se acercan a nosotros (relaciones y vínculos).

Esto es lo mejor que podemos hacer para “dis-frutar” la vida…

Laura+Orlando

EneaUnyDos

Formadores de Eneagrama

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Categorías: Eneagrama

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