Anatomía del enojo

Cuando nos alteramos, una de las manifestaciones más claras de ese estado es el enojo.

Frustración

Nos enojamos cuando algo nos frustra: desde algo tan pequeño como un atascamiento de tránsito, hasta una amenaza a la integridad física o el honor. Los motivos son variadísimos y los grados de intensidad también, pero todos tienen un elemento común: debajo de cada enojo hay una frustración.

Veamos un ejemplo: Un amigo me prometió que me devolvería un libro y cuando llega me dice que se olvidó. Mi deseo de recuperar el libro se frustra y ese deseo frustrado se convierte en enojo.

El enojo

Función del enojo

La función esencial del enojo es darnos más energía para enfrentar el obstáculo que produce la frustración. El tema fundamental es si hemos aprendido a canalizar  adecuadamente esa fuerza, o no. Ese aprendizaje es una de las tareas más significativas que los seres humanos necesitamos realizar.

Normalmente tenemos la idea de que el enojo es algo malo, la cual surge de todo lo que en general hacemos cuando no sabemos encauzar la energía del enojo.

Marco Aurelio, en el siglo II dijo: 

¡Cuánto más penosas son las consecuencias del enojo que las causas que lo produjeron!”.

Esta frase sintetiza muy bien lo que es la inadecuada utilización de esa energía. 

La idea que tenemos del enojo como algo malo es a partir del enojo que destruye, que es, lamentablemente, la manera más frecuente que tenemos de enojarnos. Pero es bueno saber que esa no es la única forma del enojo.

Volviendo al ejemplo del libro que mi amigo no trajo. El enojo que siento puedo encauzarlo en dos grandes direcciones: como destructivo o como resolutivo.

El enojo destructivo

(y sus diferentes reacciones)

enojo destructivo

Cuando la reacción es el mal trato

Puedo decirle: “¡Eres un egoísta, siempre el mismo irresponsable… en vos no se puede confiar…!” 

En ese caso he utilizado mi enojo para herir, castigar y hacer sufrir a mi amigo por lo que hizo. Cuando hago eso, no es por maldad, es porque creo que sentir y expresar enojo es así: insultar, castigar y hacer sufrir. 

Cuando reacciono de ese modo, el otro, en este caso mi amigo, se siente herido por lo que le dije, y lo más seguro es que responda, generalmente con otro agravio: “¡Y vos siempre el mismo autoritario, crees que todos somos tus esclavos, eres un déspota!”.  

También, es posible que me recuerde otras situaciones en las que yo lo herí y traiga a colación situaciones del pasado. 

Y así seguimos, de insulto en insulto…, la intensidad continúa creciendo, cada vez nos herimos más, y al rato estamos los dos lastimados y resentidos. Ninguno quiere saber más nada con el otro…. y el libro, que es lo que necesitaba, no lo recuperé.

Es muy común oír después de una gran pelea en la que todos han quedado muy heridos: “¿Por qué era que empezó esta discusión?”

Cuando la reacción es reprimir o minimizar

Otra reacción destructiva es reprimir el enojo, esconderlo en nuestro interior o diluirlo. Esto puede suceder porque no queremos enfrentar el conflicto y pasar por una situación incómoda, o porque tememos que al enfrentar la situación se dañe nuestro vínculo.

El gran problema es que esta energía se acumula dentro nuestro, y al no tener salida al exterior, puede crecer cada vez más. Esto nos lleva a que las situaciones se sigan repitiendo y que un día puedan llegar a hacernos “explotar”, manifestándolo como un enojo que maltrata. Eso nos lleva al siguiente punto.

Cuando la reacción es explosiva y desproporcionada

Como decíamos, esta reacción es consecuencia de la acumulación de enojo. Cuando no aprendemos a expresar el enojo, tendemos a retenerlo. Entonces, alguna situación menor puede activar el enojo acumulado y sale con una intensidad desproporcionada que desconcierta al otro, y a veces también a nosotros mismos.

Por esto es bueno estar al día con los enojos; pero, para eso, es necesario haber aprendido a expresarlos de un modo resolutivo, ¿cómo hacerlo? Lo veremos más adelante en esta nota.

Cuando la reacción es ignorar o descalificar

Otra manera de reaccionar es hacerlo de manera fría: no dirigir la palabra, dar por terminado el vínculo, o considerar que no vale la pena perder el tiempo en buscar resolver la situación.

Es una reacción pasivo-agresiva que genera tanto daño como la del maltrato. Generalmente sucede porque queremos transmitir una imagen de “superación”.

En realidad, si hacemos esto, perdemos la posibilidad de que el vínculo crezca y se fortalezca luego de una situación aparentemente negativa; o bien, que a través del diálogo cada uno pueda seguir su camino, lo cual también aporta aprendizaje y crecimiento.

El enojo destructivo en los eneatipos

El Eneagrama es una figura de 9 puntos

Desde el Eneagrama decimos que cuando una persona está muy anclada en su esencia, toma de manera exagerada sus características eneatípicas, por lo que aparece fuertemente su sombra. Retomando la situación del libro olvidado, veamos cómo se canalizan predominantemente esta energía del enojo en los distintos eneatipos, cuando es destructivo:

ENEATIPO 1

Puede emitir un juicio sobre lo irresponsable y poco confiable que es esa persona. Trata de comunicarle su enojo expresándose y corrigiendo en forma desproporcionada, o mostrando su impaciencia con gestos de intolerancia, sin considerar la posibilidad de un imprevisto.

ENEATIPO 2

Puede sentirse dolido porque le fallaron y reprime su enojo justificando a la persona para no perder la amistad y así seguir nutriendo ese vínculo. En su interior piensa que él jamás haría tal cosa; y, aunque no lo exprese, siente la falla como una gran desconsideración. A veces puede enojarse porque el otro no ha sido tan considerado, como él lo es para con los demás.

ENEATIPO 3 

Puede que se enoje porque como tiene otros compromisos siente que pierde tiempo y podría haberse dedicado a algo más productivo. Puede transmitir una imagen de frialdad e ignorar a esa persona en el futuro porque no le fue útil o no le cumplió con lo que necesitaba para lo que deseaba lograr

ENEATIPO 4

Puede sufrir, enojarse, y sentir que siempre estas situaciones le pasan sólo a él. Puede dramatizar, siendo difícil tratar de dialogar con él ya que se cierra emocionalmente. También puede traer a colación enojos del pasado, generalizando las situaciones.

ENEATIPO 5 

Puede que observe su enojo y analice si vale la pena hablarlo con la persona que le falló o no dirigirle más la palabra. Si habla, puede hacerlo de manera fría y descalificadora detallando todo lo que otro hizo mal y destruyendo los argumentos de justificación que pudiera presentarle. Si viene acumulando enojos, puede descargarlo con sorpresiva energía.

ENEATIPO 6 

Puede que se cuestione si fue su propia culpa este olvido, por no haberle enviado un recordatorio. O bien, aunque no manifieste su enojo directamente, lo guarda en su corazón y queda resentida y es muy posible que mucho tiempo después, tal vez ya fuera de contexto, exprese lo dolorido que quedó por la situación.

ENEATIPO 7

Puede que diluya la situación expresando despreocupación, decidiendo seguir con otros planes y pasarla bien, sin generar ningún cambio. Ese enojo continúa en su corazón y es probable que no lo olvide aunque transmita la imagen contraria. Si habla de la situación, lo hará expresándolo como una anécdota, aunque es muy probable que no quiera que se lo recuerden, diciendo que ya lo superó y está en otra cosa.

ENEATIPO 8

Puede que manifieste su enojo enérgicamente, de manera explosiva, ya que puede sentir que perdió poder o lo sintió como injusticia. En ese caso le será muy difícil dialogar, perdonar el error y volver a confiar en esa persona. Puede llegar a sentir necesidad de venganza.

ENEATIPO 9

Puede que exprese comprensión, no manifiesta molestia ya que lo que prioriza es evitar el conflicto aunque luego se inactive utilizando la terquedad como mecanismo de defensa. De todas maneras, el enojo queda en su interior, y lo va acumulando y puede descargarlo de manera sorpresiva, tal vez en un entorno más seguro donde no se pierdan los vínculos, por ejemplo su ámbito familiar.

Cada persona puede atender a su forma predominante de reaccionar a fin de dirigirse a un enojo resolutivo.

Siguiendo con la sabiduría del Eneagrama, comparemos las reacciones con las actitudes que podemos tomar:

Muchas veces son reacciones automáticas e inconscientes. Pueden formar red entre sí (ligarse unas a otras)
Requiere auto-observación y respeto de los tiempos propios y ajenos

Enojo resolutivo

resolución

Otra forma de encauzar el enojo, siguiendo este mismo ejemplo, sería decirle a mi amigo, con toda la intensidad con la que lo sienta: “¡Estoy muy frustrado e incómodo! Me prometiste que me ibas a traer el libro y yo contaba con él. Lo necesito. Veamos cómo me lo puedes acercar. O lo buscas, o llamas a alguien para que lo traiga, o mediante una mensajería. ¡Fíjate qué se te ocurre…!” 

Y ahí me quedo esperando y demandando una respuesta. Cuando concentro mi energía en esa dirección el enojo cumple su propósito esencial: darme más energía para tratar de resolver el obstáculo que me frustra. 

Este tipo de enojo se apoya en dos pilares: expresar lo que sentimos ante lo que sucedió y demandar la respuesta que nos “des-enojaría”, nos sacaría de la incomodidad

Expresar la frustración y el enojo que nos produce la situación es necesario para nosotros, para desahogar lo que nos pasa y es necesario para el otro, para que pueda saber lo que nos ocurre, lo que sentimos ante lo que hizo, porque ese es además uno de los motores que le ayudarán a cambiar su actitud.

Cuando sé cuánto molesta a una persona mi impuntualidad, me ayuda a que lo tenga presente, y me dispone a tratar de ser más puntual.

Expresar lo que siento no quiere decir enjuiciar al otro

Son dos respuestas muy distintas que es necesario aprender a distinguir con claridad. La esencia del enojo que resuelve es autoafirmarse con claridad, fuerza y respeto. Y para eso no es necesario descalificar, ni agraviar, ni insultar. Concentrarnos en la acción que nos frustra y demandar una solución. 

No obstante, hay situaciones en que no puede haber reparación en el presente. 

Por ejemplo, cuando alguien llega tarde, nos deja una hora esperando y eso no tiene arreglo porque ya ocurrió. 

En ese caso lo que uno puede hacer es, además de decir la incomodidad que siente, orientar la demanda hacia el futuro. Generar algún acuerdo para que no vuelva a ocurrir.

La clave es descubrir en cada caso la situación que me des-enojaría.

Cuando un enojo es intenso y confunde, es necesario formularnos la siguiente pregunta: 

“¿Qué tendría que ocurrir para que mi enojo cese?”

Esa pregunta tiene la virtud de enfocar la mente sobre el punto central de la cuestión, que es precisamente cómo se resuelve ese problema que me enoja. 

Enojo con personas queridas

enojo con personas queridas

Mucha gente cree que si le tenemos afecto a una persona no podemos enojarnos con ella, que tenemos que cerrar los ojos y dejar pasar, porque es una cuestión bipolar: o el afecto o el enojo.

En realidad, no es así, es más bien todo lo contrario.

Una de las cosas que más ayuda a hacer resolutivo el enojo, es expresarlo con afecto. Puede parecer una contradicción insalvable en sí misma, pero no es así; es simplemente recordar, cuando esa es la situación, que la persona con quien estamos enojados es alguien a quien, además, le tenemos afecto.

Entonces se pasa del: “Porque le tengo afecto no me puedo enojar” a “porque siento que le tengo afecto es que le puedo expresar mi enojo cuando lo siento”.

El enojo de los demás

Cuando aprendemos a enojarnos respetuosamente y lo hacemos, podemos darnos cuenta con más claridad cómo es el enojo del otro: si es resolutivo o destructivo (o cuánto hay de cada uno).

Entonces podemos distinguir qué parte de verdad puede haber en ese enojo y que reparación requiere y cuánto hay de enjuiciamiento, agravio o maltrato, que es parte de la inmadurez o la ignorancia de quien se enoja de ese modo.

Cuando logramos establecer esa distinción, estamos en mejores condiciones de no quedar sometidos al modo destructivo del enojo del otro.

El enojo con uno mismo

enojo con uno mismo

No nos enojamos con nosotros mismos de un modo global, si no con alguna parte de nosotros, por ejemplo: la parte insegura, miedosa, exigente, etc. Por lo tanto, lo primero es descubrir con qué parte propia estamos enojados.

Es útil imaginar que esa parte está enfrente y expresarle el enojo tal como lo sentimos.
En el universo interior el enojo también puede ser destructivo o resolutivo. La mejor manera de saberlo es ponerse en el lugar de quien recibió ese enojo (esa parte mía con la que me he enojado) y observar cómo se siente al oírlo: si destruida o ayudada.

Si se siente destruida, la tarea es clara: aprender a enojarnos con ella de un modo tal que ese enojo le exprese nuestra incomodidad de una manera que la enriquezca y la estimule a evolucionar en la dirección deseada.

Ese aprendizaje es el mejor punto de partida para aplicarlo después en el trato con los otros; y es, en última instancia, la esencia de la auto-observación, que consiste precisamente en aprender a relacionarme con la parte de nosotros que no nos gusta, de un modo que la ayude genuinamente a transformarse.

Foto de amigos abrazados, vistos desde espaldas, se encuentran frente al sol en un atardecer

¿Qué es la auto-observación? ¿Cómo se practica?

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2 commentarios

Jesús Sepúlveda · 30 abril, 2021 a las 6:40 pm

Muy buen nota. Clara, simple, al grano pero muy ilustrativa.

eneaunydos · 30 abril, 2021 a las 6:46 pm

¡Muchas gracias por tu comentario Jesús! Nos alegra mucho que te haya gustado. 🙂 Abrazos!!

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