Un nuevo 14 de febrero, día de los enamorados. 

En esta oportunidad deseamos compartir algo sobre nuestra experiencia, unos fragmentos de las cartas que escribieron los sabios abuelos de Nehuén, pareja de nuestra hija Anita, quienes nos llevan algunos años de ventaja en la experiencia…, y también algunas ideas extraídas de un buen libro que recomendamos: “El buen amor en la pareja” de Joan Garriga.

Carta

Nosotros

Hace 38 años nos encontramos y casi mágicamente comenzamos una relación de pareja.

En el transcurso de los años fuimos improvisando y aprendiendo sobre la marcha cómo intentar construir esa vida juntos, con sus distintas etapas, con sus alegrías y con sus momentos difíciles.

Muchas fueron las búsquedas para acompañar nuestro hermoso objetivo, pero tal vez las más importantes, como pilares que sostienen nuestro amor, fueron:

  • El desarrollo y crecimiento personal de cada uno de nosotros, aceptarnos y amarnos, primero a nosotros mismos, para después poder aceptar y amar al otro.
  • Aprender a dialogar, trabajar la comunicación e intentar conocernos más profundamente, ser compañeros y amigos, alimentando la posibilidad de ser auténticos y libres.

Del enamoramiento inicial, donde volaban las ilusiones y las mariposas en la panza, al amor maduro que lo abarca todo de la realidad, compartiendo proyectos, alivianando frustraciones y potenciando los momentos de alegría.

Nuestras hijas, fruto de nuestro amor, nos llenan de orgullo desde cuando eran totalmente indefensas y necesitaban todo de nosotros, hasta su partida con sus mentes libres y buscadoras de sus propósitos personales, tan distintas y únicas, unidas y compañeras.  

Los abuelos

Carta de Alicia a Anita y Nehuen:

El 7 de diciembre pasado cumplimos 59 años de casados .Si a eso le agregamos los 6 de novios… hagan el cálculo . La gente suele preguntarme ¿cómo se aguantan? O me dicen “que aguante!”… y no nos aguantamos, nos elegimos, día a día, que es distinto que aguantar.

Creo que la base de nuestro largo matrimonio tiene que ver con el respeto, la contención. Somos distintos, no pensamos igual en muchas cosas, pero nos escuchamos, nos respetamos, nos queremos.

Aprendimos (porque el matrimonio es un largo aprendizaje) a tener lugares comunes y lugares propios. Para ambos la familia es lo más preciado que tenemos, criamos juntos cuatro hermosas hijas, con errores supongo, pero con el más inmenso amor. Disfrutamos de los 10 nietos, llenándonos de ternura y recibiendo caricias para el alma, y ahora gozamos de los progresos y travesuras de los 2 bisnietos.

Somos amigos, con la profundidad que eso conlleva, nos reímos juntos, lloramos juntos, y como dijo algún nieto extrañado, siempre tenemos temas para hablar.

Somos distintos. Rene  introvertido, profundo, gran colaborador para el prójimo, siempre dispuesto a ayudar. Yo, Alicia, extrovertida, amiguera, práctica, nada vueltera. Por eso las chicas preferían estudiar conmigo, porque el papá quería ir al fondo de las cosas, y yo iba directamente al grano.

A veces discutimos pero nunca nos pasamos la raya de la falta de respeto, y nunca en estos 59 años nos fuimos a la cama  enojados. Ante cualquier decisión importante, nos consultamos y nos ponemos de acuerdo.

Y aunque parezca trillado, nos amamos , creemos en el otro, y nunca dejamos de expresar nuestros sentimientos. Supongo que no hay recetas, pero el humor , el no aburrimiento, ayudan bastante. Asi que después de 59 años digo no hay aguante, hay elección del otro que, sin dejar de ser lo que es, es el amigo, el amante, el compañero al que amo y admiro profundamente.

Alicia

Carta de René a Anita y Nehuen:

Muy queridos nietos Ani y Nehui:

Les relato desde el comienzo, basado en mis recuerdos. 

¿Cómo nos conocimos? No recuerdo si fue en un asalto (así se llamaban las reuniones con baile que hacían los y las jóvenes hace la friolera de alrededor de 64 años, o si fue en el cumpleaños de una compañera del Colegio Normal de Alicia y de mi hermana Graciela. 

Como en la división del Colegio Normal eran todas mujeres, trataban de que cada compañera lleve algún varón. En ese primer contacto, me gustó la dulzura de Alicia, tal vez su disposición de escucha y que se riera de mis chistes malos. Hubo una corriente de simpatía. 

A los pocos días, volvimos a vernos y la pasamos charlando y bailando casi toda la reunión. A partir de ahí no necesitamos la excusa de algún baile para encontrarnos. Yo tenía 19 años y Alicia 14 cuando nos conocimos. 

Tenía un grupo muy chico de amigos con quienes salíamos a la tarde en las vacaciones. Y Alicia y Graciela hacían algo parecido con sus amigas. A partir de allí se fusionaron los dos grupos y nos encontrábamos una vez por semana. 

Al poco tiempo (quizás poco tiempo fueran meses), la relación con Alicia se fue profundizando y empezamos a salir solos, a caminar por las calles del centro de la ciudad o íbamos a algún espectáculo (cine o teatro). Otras veces salíamos de a cuatro: nosotros dos y Graciela con Jorge, que era un amigo mío al que había invitado a los bailes antes mencionados y que terminó siendo mi cuñado. 

Nuestro noviazgo duró seis años, tiempo suficiente para irnos conociendo, qué pensábamos, nuestros gustos, nuestras inclinaciones, que proyecto de vida teníamos. Comprobamos que los dos teníamos muchos puntos en común y algunas divergencias

Yo estaba en segundo año de la carrera de Medicina de la UBA, Alicia estaba en 2º año del Normal. Los dos teníamos ideas afines de trabajar, el día de mañana, para ayudar a la gente comunitariamente. Ese fue un anhelo muy fuerte de los dos. 

Quizás yo tenía más claro que para ello debía ir al interior profundo de nuestro país, y Alicia compartió plenamente la idea, a pesar de las dificultades que ello traería en nuestra vida personal y con nuestras respectivas familias de origen.

Las diferencias eran en que yo era profundamente religioso por búsqueda personal de Dios y Alicia, a tenor de la sociedad en general, era atea. Después de muchas conversaciones, aceptamos respetar el sentir y la práctica espiritual de cada uno. No nos fue fácil. 

Creo que nuestra base de relaciones se basó en un enamoramiento mutuo, un respeto por las opiniones y acciones del otro y estimular el crecimiento personal del otro en el transcurso de la vida. 

Resumiendo: la base es amor profundo, respeto por el otro como persona, con todo lo que ello implica, su libre desarrollo personal e ideas compatibles en la formación de los hijos. 

La vida, en su largo transcurrir, nos trajo situaciones de felicidad y de dolor, de tranquilidad y de angustias severas. Nos casamos y nos fuimos inmediatamente al interior profundo de la provincia de Misiones, a un pueblo carente de luz, de gas, de energía eléctrica. Pero eso no nos molestó. Al contrario. Fue elegido. 

A los 13 meses de mudarnos un voraz incendio quemó nuestra modesta casa de madera en pocos minutos, no dando tiempo a salvar nada más que el cochecito donde dormía nuestra primera hija. La solidaridad de todo el pueblo nos sostuvo y nos dio fuerzas para seguir. Esa madrugada tuve que atender a tres parturientas en el pasto, delante de las cenizas de la casa. A Dios gracias partos normales. 

Al cabo de algunos años, nuestras hijas fueron creciendo y queríamos que recibieran una educación parecida a la que recibimos nosotros. Esto motivó la mudanza a Buenos Aires, volviendo a empezar de cero en mi actividad profesional

Aceptar que uno va cambiando en este transcurrir. Tener claro nuestros hitos de vida importantes. Ser honestos con nosotros mismos y con los demás. El afecto y el respeto mutuos. Conceptos básicos comunes de la formación de nuestras hijas y tratar de adaptarnos a los cambios de nuestra vida. 

Todos pasamos por tres duelos importantes durante nuestra vida. Estos son: 1. El cambio en nuestra sexualidad. 2. Los cambios físicos y 3. El cambio en los roles y funciones que vamos teniendo. 

Para administrarlos armónicamente es indispensable lo que planteé antes: el afecto y respeto mutuo y considerar al otro como mi igual aunque diferente. 

René

Gracias Alicia y René por sus testimonios de amor, que nos inspiran y nos alientan a apostar por el verdadero amor… aquel que se funda en el respeto, el diálogo, el apoyo y estímulo mutuo.

Alicia, René, Laura y Orlando juntos en una fotografía

Para terminar...

¿Qué nos dice Joan Garriga en su libro acerca del amor?

En las relaciones de pareja, no hay buenos y malos, culpables e inocentes, justos y pecadores. Lo que hay son buenas y malas relaciones: relaciones que nos enriquecen y relaciones que nos empobrecen. Hay buen amor y hay mal amor.

El buen amor se reconoce porque en él somos exactamente como somos y dejamos que el otro sea exactamente como es, porque se orienta hacia el presente y hacia lo que está por venir, en lugar de atarnos al pasado; y sobre todo porque produce bienestar y realización.

La pareja puede darnos felicidad, pero no tiene el poder de hacernos felices.

Por eso muchas parejas fracasan cuando pasado el espejismo del enamoramiento, no pueden aceptar en su totalidad la realidad del otro. Si pueden superar esta etapa, se puede aprender a amar. Construyendo un proyecto común de relación y vida.

En las parejas reales la relación trae retos y complicaciones, por la diferencia de valores, deseos, costumbres y creencias.

Además del goce amoroso, de sentirnos acompañados, de la alegría de dar vida y cuidar de ella con los hijos, hay que afrontar conflictos y desacuerdos, revisar y hacer cambios en la relación, ya que la convivencia se puede desgastar y debilitar.

Las parejas que perduran afrontan distintos ciclos vitales y retos a través de su relación, por lo que tienen que movilizar grandes recursos para reforzar el vínculo.

La gran tarea consiste en aprender a amar, integrar y gozar de lo real, despidiéndonos de las idealizaciones e ilusiones, para multiplicar nuestra alegría interior.

¿Hay algo que nos haga más felices que ser amados realmente tal cual somos?

¿Podemos darle a nuestro ser querido un regalo mejor que amarlo en su realidad, tal cual es?

¿No es lo que todos deseamos, dar y recibir? 

Hay criterios que nos permiten reconocer si nos estamos juntando con la persona adecuada o no.

Arnaud Desjardins, discípulo del sabio hindú Swami Prajnanpad, explica en su libro Una vida feliz, un amor feliz, los cinco criterios que su maestro le enseñó para reconocer el valor profundo de una pareja.

Primer criterio

El primer criterio es que sea fácil, que fluya y no haya que malgastar energía en sostenerla. Esto permite lograr una relación nutritiva, de lo contrario se produce un desgaste entre las personas, hay tensión, se desvitaliza, es una señal de alarma.

Segundo criterio

El segundo criterio es que la naturaleza de cada uno sea compatible, o sea no demasiado diferente. No siempre es imposible salvar las diferencias, pero sí es imprescindible concienciarlas y afrontarlas para gestionarlas bien.

Tercer criterio

El tercer criterio es que los miembros de la pareja sean compañeros, que puedan compartir gustos, intereses, diferencias y complicidades. Que tengan alguien al que entienden y que los entiende.

Cuarto criterio

El cuarto criterio es tener fe y confianza plena en el otro, para poder construir un amor duradero, fértil y esperanzador. Que tengamos la convicción que el otro no nos va a dañar. Confianza significa ser conscientes que en algún momento si nuestra pareja no cumpla su compromiso y nos cause dolor, poder aceptarlo, sanar y sobreponerlo a ello. La confianza, por definición, no exige garantías.

Quinto criterio

El quinto criterio es el deseo espontáneo de que el otro esté bien, consiste en ver al otro con la inteligencia del corazón y no sólo a través de nuestras proyecciones y anhelos, y así lo amamos como es, se trata de ser feliz con la plenitud del otro.

Categorías: Reflexión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.